
Somos una sociedad sin olores, sin sabores, sin color local. Me corrijo: Los que vivimos en los conglomerados urbanos más grandes de la Argentina, somos así. Sobre todo las clases medias y altas.
Basta conocer cualquier ciudad de Brasil para percibir matices propios. Leer a Jorge Amado es más que ver letras o comprender palabras; es saborear, oler, tocar. Quien haya viajado por Chile habrá percibido el respeto por tradiciones: las clases altas van a restaurantes propios de su clase, en autos y camionetas acordes a sus ingresos y moda, pero es común verlos vestidos de “huasos” en las ciudades del interior.
Recuerdo haber leído que aquí un chico quiso egresar vestido de gaucho del secundario, y se lo prohibieron.
Y está bien. Es materia opinable como todo, si decidimos ser una sociedad ascéptica, sin divisas que nos identifiquen. Digo… estaría bien. Si fuera así. Pero adherimos a cuanta paparruchada viene de paises centrales. Halloween, Saint Patrick, San Valentín
Entonces, lo que podría ser una característica, se transforma en puro complejo de inferioridad.
Hoy es San Valentín. Pues bien, hablemos del amor, si tanto nos importa realmente
Lo dejo en manos de Jaime Barylko, extrayendo un fragmento de su libro El miedo a los hijos.
“A menudo confundimos el amor con el enamoramiento. El enamoramiento tiene buena prensa y buena literatura. Es la situacion excepcional, la eclosión del Eros, el “no se qué” que se alcanza por ventura, el éxtasis.
El amor es la prosa. No tiene grandes frases y pocos se dedicaron a describirlo. Es la vida cotidiana, con sus altibajos, con sus colores del arco iris cambiante. Amar es considerar al otro por encima de estos cambios, errores, aciertos, independientemente de sus logros o eficacias.
Al eficaz se lo aplaude, se lo premia. Al que produce algun bien se le agradece, se le retribuye.
Al otro se lo ama. Al otro en plenitud. Y no es cosa de sentimiento solamente. Es plenitud de yo frente a plenitud de otro, pero es acto, conducta, hacer y quehacer para el bien del otro.
Amar es pensar.
Suena extraño, lo se. Pero “el bien del otro” es tema complejo y requiere esfuerzo de investigación, pensamiento. Amarlo es pensar en él.
Nos educaron a sentir en la vida y a pensar en las matemáticas, en la fábrica, en los negocios.
Nos enseñaron que el corazon es para la casa y las relaciones íntimas y la razón, es para las frías relaciones con los otros indiferentes.
Esa educación no nos trajo felices consecuencias. Gracias a ellas sabemos compadecernos de Hiroshima, pero no alcanzamos a convivir dos personas en un recinto llamado hogar.
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Amar es pensar al amado
Enamorarse es pensar a si mismo.
El éxtasis del enamoramiento es con el otro, por el otro, pero totalmente mío. Es, lo dice el vocablo, enamoramiento, en mi. Me adoro en el amor a ti.
¿Quién puede aleccionarnos al respecto mejor que Romeo? En la escena VI del segundo acto se expresa así:
¡Oh, Julieta mía! ¿Participas tu de la alegría, de la inmensa alegría que llena mi alma?
Romeo se siente inundado de dicha; pero nada sabedel alma de Julieta. Se pregunta si ella puede participar –tomar parte- de su alma, ser de él, en él, dentro de él. Absorberla completamente. Integrarla dentro de la prisión específica de su pasión. Egoísmo.
Puro ego extasiado de sí mismo, gracias al otro.”
Dedicado a Dolmance (acá debería haber un link) y a su post “Sensamientos”